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Santoral Dominicano Febrero 2021

La Presentación de Jesús al templo es una fiesta cristológica, con un sentido también mariológico pues se desarrolla el rito de la presentación del hijo una vez cumplido el tiempo de la purificación de la madre a través del recogimiento y la oración, a los cuarenta días que hubiese dado a luz. La luz de Navidad se vuelve a poner de relieve a los 40 días, con la profecía de Simeón, antes de iniciar la cuaresma, otros 40 días antes de la Pascua de la Resurrección. Estamos en un entretiempo entre las dos pascuas: el fin popular de los días de Navidad –el final litúrgico se celebró con el Bautismo del Señor-, cuando en algunos sitios se recogen las imágenes del Nacimiento hasta el año siguiente, ya preparando con esta luz de la procesión de las candelas la otra luz, la de la resurrección, el cirio pascual.​

El 23 de abril de 1522 nace en Florencia, Alejandrina Lucrecia, hija de la noble familia de los Ricci. Muerta su madre cuando ella era todavía muy niña, quedó bajo el cuidado de una madrastra. Poco después la puso su padre en el convento de monjas de Monteceli donde estaba una tía suya. Allí recibe su primera educación y sobresale por su aplicación en los estudios. A la niña le gustan los relatos de la Pasión de Cristo. Semblanza Espiritual Llena del fuego del Espíritu Santo buscó incansablemente la gloria del Señor. Promovió la reforma de la vida regular, inspirada especialmente por fray Jerónimo Savonarola, a quien admiraba con agradecido afecto. Su amor a la Pasión del Señor la llevó a componer el "Cántico de la Pasión", una meditación reposada sobre los sufrimientos de Cristo. Las "Cartas" son muestra de su profundo itinerario en el Espíritu. Trabajó con solicitud en la atención de enfermos, hermanas o laicos. La extraordinaria abundancia de carismas celestiales, junto con una exquisita prudencia y especial sentido práctico, hicieron de ella la superiora ideal. Al monasterio de San Vicente Ferrer llegaban príncipes y prelados buscando consejo. Tuvo gran amistad con San Carlos Borromeo, San Felipe Neri, San Pío V y Santa María de Pazzi.

San Felipe de Jesús, O.F.M. (Ciudad de México, Nueva España, 1572 - Nagasaki, 1597) fue un fraile franciscano de origen novohispano martirizado en Japón. Es el primer santo canonizado nativo de México, y protomártir de ese país. Siendo joven entró al noviciado franciscano, el cual abandonó. Su padre lo envió a Manila en Filipinas, para que se dedicara al comercio. Allí encontró una vida mundana que lo deslumbró, sin embargo al poco tiempo reconsideró su vocación (sus amigos lo abandonaron cuando se quedó sin dinero) y regresó con los franciscanos de Manila. Ante el ofrecimiento de terminar sus estudios en México para ordenarse sacerdote, Felipe se embarcó con otros frailes, pero una tormenta desvió el barco hacia Japón, donde los franciscanos se dedicaron a hacer misión, la cual tuvo al principio mucho éxito, pero al poco tiempo se desencadenó la persecución de Toyotomi Hideyoshi “Taikōsama” contra los cristianos. Básicamente, temía que los otros daimio (señores feudales) se enriquecieran al comerciar con los extranjeros, amenazando su creciente poder. Felipe, que no había sido ordenado sacerdote aún, pudo haber evitado los tormentos y la prisión, pero optó libremente por la misma suerte que corrieron los misioneros. La iglesia católica en México lo considera patrono de la ciudad de México y de su arzobispado. En la ciudad de Colima y Villa de Álvarez es considerado protector contra incendios y temblores. Su veneración incluye una misa anual el día 5 de febrero y la renovación del juramento. Después de estos eventos, también se realizan en Villa de Álvarez desde hace más de 150 años unas fiestas charro-taurinas, supuestamente en honor a este santo, aunque el festejo es polémico para la iglesia católica.

Los dominicos conjugan perfectamente la alegría, como rasgo de vida, con la vivencia de la muerte y su alcance trascendente. Baste abrir el libro de las Constituciones para admirarse ante la preocupación por los difuntos de la Familia Dominicana. Diez números de este libro precisan los modos y maneras de recordar las obligaciones que con los difuntos de la Orden se establecen. Por ejemplo: “En cada convento se celebrará misa de difuntos: el día 7 de febrero por el aniversario de los padres; el día 5 de septiembre por el aniversario de los bienhechores y familiares de la Orden; el día 8 de noviembre por el aniversario de los hermanos y hermanas.” (Constituciones O. P. 70, II). Según esta disposición, el día 7 de febrero todos los conventos de la Orden celebran la misa conventual por los padres de los frailes, una manera de corresponder a quienes dieron la vida y la primera educación a quienes siguieron la vocación dominicana. Resulta llamativa la carga espiritual que la Orden señala a favor de los difuntos de la Orden: una misa conventual semanal, el rezo del rosario, una vez a la semana, una vez al día el salmo “De profundis”, etc, etc. Cabría pensar que esta intensa oración por los difuntos marcaría, en los miembros de la Familia Dominicana, alguna señal fúnebre, algún sarpullido de fácil tristeza; nada más lejano a la realidad del talante dominicano. El intenso recuerdo de nuestros difuntos, nos aviva la alegría de la esperanza cristiana que se traduce en la risa y en el optimismo bienhumorado. Fray José Luis Gago de Val, O. P.

En París, en Francia, beato Reginaldo de Orleans, presbítero, quien, de paso por Roma, conmovido por la predicación de santo Domingo entró en la Orden de Predicadores, a la que atrajo a muchos con el ejemplo de sus virtudes y el ardor de su palabra (1220). Reginaldo de Saint Gilles nació en Orléans (Francia). Entró en la Orden de Predicadores por mediación milagrosa de la Virgen María y profesó en manos de Sto. Domingo. Era un predicador ardoroso, que en breve tiempo llevó muchas vocaciones a la Orden. Murió en París hacia el 12 de febrero de 1220 y fue sepultado en la Iglesia benedictina de Notre-Dame des Champs, de donde su cuerpo desapareció durante la revolución de finales del s. XVIII. De la obra Orígenes de la Orden de Predicadores del Beato Jordán de Sajonia: "El mismo año 1218, estando en Roma el Maestro Domingo, llegó allí el maestro Reginaldo, deán de San Aniano de Orléans, con intención de embarcarse. Varón de gran fama, docto, célebre por su dignidad por haber regentado durante cinco años en París la cátedra de derecho canónico. Habiendo llegado a Roma fue preso de una grave enfermedad en el transcurso de la cual lo visitaba de vez en cuándo el Maestro Domingo. Exhortándolo éste a abrazar la pobreza de Cristo y asociarse a su Orden dio su libre y pleno asentimiento, de tal manera qué hasta hizo voto de abrazarla. No puedo menos de recordar que estando en vida fray Mateo, que lo había conocido en el mundo vanidoso y delicado, preguntóle como admirado en cierta ocasión: « ¿Estáis triste, maestro, de haber tomado este hábito? ». A la que él respondió, bajando la cabeza con humildad: a Creo que en la Orden no hago mérito alguno, pues siempre me gustó demasiado.»

El beato Jordán de Sajonia fue el primer sucesor de Santo Domingo como Maestro de la Orden de Predicadores. Fue encargado de la provincia de Lombardía y su predicación atrajo a muchos jóvenes universitarios que se disponían al proyecto del estudio y la predicación itinerante. San Alberto Magno, por ejemplo, fue uno de ellos. Escribió acerca de los orígenes de la Orden y del perfil espiritual de santo Domingo.

Desempeñó su oficio con muchas actividades y eficacia. Se denominaba a sí mismo «Peregrino de tan variados caminos». Hizo largos viajes y sus predicaciones llegaban a muchos jóvenes universitarios, a quienes dio el hábito dominicano. Entre los numerosos estudiantes que atrajo, estuvo San Alberto Magno. También realizó escritos de gran valor, entre los cuales, cabe destacar el primer relato de los comienzos de la Orden. Le llamó a su obra “Orígenes de la Orden de Predicadores”, y con ella contribuyó a transmitir datos biográficos, líneas esenciales y rasgos característicos de santo Domingo. Compuso también una plegaria a Santo Domingo, ampliamente recitada en la Orden a través de la historia. El contenido de esta oración, a la verdad, refleja un profundo conocimiento del santo y una devoción verdaderamente filial. Falleció en un naufragio el 13 de febrero de 1237 frente a las costas de Siria. Jordán volvía hacia Nápoles de un viaje a las comunidades de Tierra Santa. Su cuerpo fue arrojado por las olas a la playa, y recibió sepultura en el convento de San Juan de Acre. El culto que se le venía tributando desde antiguo, fue confirmado por el Papa León XII, el 10 de mayo de 1826. ¿Qué nos puede decir hoy? El Beato Jordán fue una figura que atrajo a muchos jóvenes universitarios, y es ejemplo de irradiar la pasión por la predicación, la generosidad de la entrega y el amor que cautiva. Fue un predicador itinerante que se preocupó por las necesidades de las comunidades y de los más jóvenes, para que aprendieran de los orígenes de la Orden y el ideal que se debe seguir. El beato Jordán, con su vida y obras, nos sigue dando un modelo de seguimiento al estilo de Santo Domingo.

La celebración del Miércoles de Ceniza nos invita hoy a una profunda revisión de nuestra vida, de nuestras actitudes y criterios de comportamiento; a iniciar un serio proceso de conversión y de purificación. Cuaresma es un tiempo de gracia que Dios nos concede como un regalo.

La Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza Convertíos y creed el Evangelio La implantación del Miércoles de Ceniza hay que relacionarla con la institución de la penitencia canónica. Éste era un día muy importante para los que iban a iniciar la penitencia cuaresmal antes de ser admitidos a la reconciliación el día de Jueves Santo.

En este sentido, Cuaresma viene a ser un tiempo que permite a la Iglesia —a toda la comunidad eclesial— tomar con-ciencia de su condición pecadora y someterse a un exigente proceso de conversión y de renovación. Sólo así la Cuaresma puede tener hoy un sentido.

B. JUAN DE FIÉSOLE (ANGÉLICO), PRESBÍTERO († 1455) Güido o Güidolino nace en Vicchio (Toscana) a finales del s. XIV y en su adolescencia se formó y ejerció en una escuela de pintura. Movido a la vida religiosa se dirige, junto con su hermano Benito, al convento Dominicano de Fiésole, recientemente fundado en la observancia regular estricta por el beato Juan Dominici. Allí junto con el hábito toma el nombre de Juan (ca. 1420). Ordenado ya presbítero, fue dos veces vicario y luego prior del convento. Con gran fidelidad a la misión religiosa de su vida proponía con su arte celestial los divinos misterios que contemplaba en la oración y en el estudio de la sagrada verdad. Pintó numerosos cuadros de altar en Fiésole (ca. 1425-1438); por petición del entonces prior, san Antonio, decoró con frescos en el convento de san Marcos de Florencia el claustro, el aula capitular, las celdas y pasillos (1439-1445). Requerido en Roma por Eugenio IV, pintó dos capillas en la basílica de San Pedro y en el palacio Vaticano. Más tarde por mandato de Nicolás V, que apreciaba al beato por su integridad de vida y la excelencia de su comportamiento, decoró su capilla privada y una pequeña alcoba (1439-1445). Trabajó también en el convento de Santo Domingo de Cortona (1438) y en la catedral de Orvieto (1447). El papa Eugenio IV lo propuso para el arzobispado de Florencia, pero el beato renunció con gran humildad, recomendando en cambio que tal dignidad fuera conferida a san Antonio. Su obra Fray Angélico combinó la elegancia decorativa del gótico, de Gentile da Fabriano, con el estilo más realista de otros maestros del renacimiento como el pintor Masaccio y los escultores Ghiberti y Donatello, que trabajaban en Florencia, y aplicó también las teorías sobre la perspectiva de León Battista Alberti. Las expresiones de devoción en los rostros son muy logradas, así como la utilización del color que consigue dar mayor intensidad emotiva a la obra.
Su maestría en la creación de figuras monumentales, en la representación del movimiento y en la capacidad para crear planos de profundidad a través de la perspectiva lineal, especialmente en los frescos realizados en Roma, lo confirman como uno de los pintores más importantes del primer renacimiento. En el Museo del Prado de Madrid se conserva una de sus obras más representativas: La Anunciación (1430-1432), realizada para el convento dominico de Fiesole. El Museo Thyssen-Bornemisza posee La Virgen de la humildad, depositada en el MNAC de Barcelona. Los duques de Alba poseen en el Palacio de Liria otra obra de Fray Angélico, La Virgen de la granada, adquirida por un antepasado suyo en Florencia hacia 1816. En el año 2000 fue nombrado patrono de los artistas.

Fiesta Martirologio Romano: Fiesta de la cátedra de san Pedro, apóstol, al que el Señor dijo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. En el día en que los romanos acostumbraban a recordar a sus difuntos, se celebra la sede de aquel apóstol, cuyo sepulcro de conserva en el campo Vaticano y ha sido llamado a presidir en la caridad a toda la Iglesia. Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro, una ocasión solemne que se remonta al cuarto siglo y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro. La palabra "cátedra" significa asiento o trono y es la raíz de la palabra catedral, la iglesia donde un obispo tiene el trono desde el que predica. Sinónimo de cátedra es también "sede" (asiento o sitial): la "sede" es el lugar desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la sede del obispo de Roma, el Papa.

Hace no muchos años, antes de rezar el Ángelus en este día, el Papa Juan Pablo II recordó que "la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el ´ministerium petrinum´, ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial". "Recemos -dijo- para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles". La cátedra es en realidad el trono que Carlos el Calvo regaló al papa Juan VIII y en el que fue coronado emperador el día de Navidad del año 875. Carlos el Calvo era nieto de Carlomagno. Durante muchos años la silla fue utilizada por el papa y sus sucesores durante las ceremonias litúrgicas, hasta que fue incorporada al Altar de la Cátedra de Bernini en 1666. Tradiciones, leyendas y creencias afirmaron durante muchos años que la silla era doble y que algunas partes se remontaban a los primeros días de la era cristiana e incluso que la utilizó San Pedro en persona. La silla ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los siglos y la última vez que fue extraída del nicho que ocupa en el altar de Bernini fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión apuntaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes mas antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión. Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la misa del Capítulo de San Pedro.

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